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El puerto de Amberes es un punto estratégico entre el Norte de Europa y el resto del continente. Con muelles que abarcan 50 kilómetros, su actividad mercantil es poderosísima. Pero más allá de su importancia, lo que realmente interesa al turista es que el puerto ha sabido convertirse también en un espacio de cultura y de ocio: a su belleza arquitectónica se une un poderoso núcleo de comercios, bares y restaurantes. Es una de las estampas que más suelen inmortalizar los pintores ambulantes. Se ha creado también un servicio turístico para visitantes. Puedes, por ejemplo, visitar unos túneles subterráneos. Puedes deambular por el puerto, dejándote llevar por tu instinto, sin olvidarte visitar el Museo Marítimo Nacional, ubicado en el interior de un palacio situado junto al río.
En esa zona, además, tradicionalmente se ha apuntado que nace el nombre de la ciudad. Según la Leyenda, un gigante llamado Antigoon habitaba el río,y cobraba un peaje a los barcos que quisieran pasar. Si un barco no pagaba, el gigante cortaba la mano del capitán y la arrojaba al río Schelde (Escalda, en Español). Hasta que un día, un soldado romano llamado Silvius Brabo se cansó del gigante y del peaje que reclamaba, le cortó la mano y también la lanzó. De ahí surge el nombre de Amberes (Antwerpen), Hand Werten (mano lanzada, en neerlandés), que luego evolucionó al término actual. (La otra teoría del nombre de la ciudad, menos legendaria, es que procede de un enclave que había en la zona, llamado Aan ‘t werp). Foto. Mirador del puerto de Amberes. Autor: J. Toledo
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